lunes, 16 de junio de 2008

Eres mi droga

Por Laura Curie
Eres mi droga
mi mentira
mi autoengaño
el rato que me dedico a esconderme
a sumergirme en lo oscuro
a molestar lo que está quieto
a ennegrecer lo ya oscuro
y te creí grande
y te llevé flores de la pradera
pero tú no conoces el blanco
tú no distingues el marrón del crema
sólo eres
quien me alienta si consumo
quien me mueve cuando pruebo
quien hace daño
quien golpea duro
eres mi droga
la marca de la desdicha
quien dibuja la sonrisa
de lo que no está pasando
quien araña las espaldas
del amor que no está dando
no pedí probarte
llegaste a mis ojos despues de mis manos
no pedí tomarte
llegaste a mi boca después de mis labios
pero bebí
bebí de ti todo lo que te contenía
bebí hasta el fondo de tus mentiras
lloré
el no tener la vida que todos tienen
probé
sentir de cerca lo que no se tiene
desempolvaste lo huraño
ensuciaste lo profano
lloviste sobre mojado
y te creí
y te creí conmigo siempre
y te busqué
haciéndome dependiente
dejándome un sabor amargo
y la utopía de tenerte.

Laura Curie

No te apartes de la luz

Un Poema de Piergiorgio Viti

No te apartes de la luz
que, llameando, te envuelve, casi
te viste. El verano se encarama
a las verjas, sobre las rejas, recupera
su aliento. Las begonias,
abrazándose, atestan cornisas
y cercos. Las cocinas se afanan
por el almuerzo, una voz cortés
lee las noticias, pero tú
miras otro sitio,
donde los techos se avienen
a restringir el cielo.

Traducción de J. Aulicino

De mi Cielo a tu Cielo

por Laura Curie

¡Regálame una estrella!
¡Regálame una estrella que se mueva!
Que me deje abismada mirando el cielo
Que me regale un viaje lleno de sueños
Yo soy una viajera que se conforma
Con un cielo amplio, lleno de estrellas
Regálame una, de tantas que tienes
Regálame esa, que ahora se mueve
Que quiero pintarle un camino nuevo
Que quiero agarrarla aquí entre mis dedos
Regálame una, amarilla y roja
Que se vea bonita cuando yo la mueva
Regálame una, de tantas que tienes
Regálame una, la que tú me escojas
Que quiero soñar un cuento de niños
Que quiero volar en el amplio cielo
Colmada de noches de luceros vivos
Colgada de un cielo donde esté tu cielo

más de Laura Curie

Sobre el socialismo español... con mis disculpas para los verdaderos socialistas

Esta mañana, mientras tomaba un café, no pude evitar oir la conversación de dos personas que tenía al lado, por cuyo acento fácil se adivinaban gente de mi pueblo. Esto, palabra más, palabra menos, decía una de ellas:

"Yo soy socialista desde niño. No es que tuviera influencias políticas por parte de mi familia. En mi familia no se ocupaban de otra cosa que no fuera el trabajo; pero yo, como por instinto natural, desde niño me erigía en defensor de los más débiles, siempre intentaba ayudar a los pobres y gritaba contra las injusticias que se cometían en el barrio..."

¡Vaya!, pensaba yo. Qué concepto de socialismo más raro, este que sienta sus bases sobre la desigualdad social, sobre la desigualdad económica y sobre la existencia de un sistema de clases -o categorías- donde un fuerte atropella a un débil que necesita ser defendido y de cuya defensa ha de encargarse alguien que pertenezca al sector de los fuertes.

Como resultado de esto que oí, al fin pude comprender ese "algo" que tanto me viene molestando desde siempre, sin haber podido saber qué era, en el "socialismo" español. Si tomo como serias las palabra de este socialista español, miembro activo del Partido Socialista Obrero, que en más de una ocasión ha formado parte de la delegación del PSOE en las convenciones de la internacional socialista, concluyo que ¡Jamás ha existido tal cosa que pueda llamarse "socialismo" en España! Ha existido, eso sí, un estado capitalista al cien por ciento, en ocasiones gobernado por un partido que se hace llamar "socialista"; de ahí al estado socialista, hay tanta distancia como de una máquina de escribir a un estetoscopio, aunque quien esté al teclado sea un médico.

domingo, 1 de junio de 2008

Dia de playa

Todo se hace según un rito; como siguiendo un libreto, una especie de programa, un show televisivo, visto en algún lugar e imitado al pie de la letra. Llegan a la playa y extienden las toallas sobre la arena -para reservar el espacio-. Acto seguido, el protector solar o el aceite "bronceador" (lo que cada uno lleve -con mi escaso conocimiento en tales asuntos podría resultar que ambos son una misma cosa-), y al agua, a dar saltos en la orilla. Todo en perfecto orden y con movimientos casi mecánicos, cual maquinaria en linea de producción. Cada quien que llega, hace lo propio, en el mismo perfecto orden como si previamente se hubiesen puesto de acuerdo e, incluso, lo hubieran ensayado. Otro acto más en una coreografía interminable.
Yo no soy animal de playa. Prefiero más bien el aire fresco, tirando a frío, de un monte sobrepoblado de pinos. Estoy aquí, no más, por hacer compañía; porque, para cuatro días que pasamos juntos, tampoco es lógico que a la hora de pasear yo me quede encerrado en la casa; y, menos lógico es, aún, que por mi negativa a salir, pierdan ellos un día de playa de los pocos que pueden disfrutar al año. Tampoco soy amigo del sol sobre mi cabeza. Descubro, a un lado, una piedra que aprovecha la sombra de un matorral para conservarse fresca y allí me siento a ver la vida pasar mientras los demás disfrutan en el agua.