jueves, 19 de noviembre de 2009

Ahí estás

Por más que el tiempo quiso darte
otra cara y otro cuerpo
Por más que la vida quiso moldear tus emociones
y, un poco también, endurecer tus sentimientos
A pesar de carencias y de ausencias
A pesar de las lluvias y los vientos
Con el morral a tu espalda
lleno de angustias y miedos,
sigues siendo aquella niña que, a los dieciseis,
temerosa vivía de cumplir un año más.

Yo te encuentro en un intento de sonrisa.
Escondida tras las nubes de esos ojos
que se esfuerzan por no llorar.
Te encuentro en lo cotidiano.
En la forma que has dado a tu vida
a pesar de tanto golpe y decepción.
Y más allá te encuentro.
Aún más allá de ti misma.
En el sol, en la luna,
en mis propias alegrías.
En las horas, una a una,
que van llenando mis días.
Y más allá te encuentro.
Donde siempre has estado para todos.
Donde siempre has estado para mi.

En ti se quedó la luz que una tarde
te dibujó para mi de espaldas a la ventana.
En mi se durmió tu primer beso
y despertó tu caricia más temprana...
Y estabas entre mis brazos cuando el jazmín floreció
impregnando con su aroma la noche entera
y todas las noches que después vinieron.
Aquella noche, el silencio, entre susurros de piel,
nota a nota escribió nuestra tonada:
un canto de luna en celo que no supimos cantar
y a cuyo hechizo opusimos la más firme de las razones:
elegimos el camino que nos dictó la conciencia!


Desde la distancia, en el tiempo y en el espacio,
después de haber conocido la unidad
y, al fin, nadando en el mismo río
donde las almas que se cruzan,
a ser lo que fueron, no vuelven más
te miro en pasado, te miro en presente
y, en el jardín de tus tiempos,
sigo encontrando jazmines en flor.
Los días que otrora dejamos marchar
guardaron su esencia.
Nunca cayeron los frutos que en el árbol quedaron
cuando, sin mirar atrás,
echamos llave a la puerta
para que nadie, a esa huerta,
pudiera volver a entrar.
Y ahí estás
como antes
como siempre
por siempre
ahí estás.

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