viernes, 20 de agosto de 2010

Siervos Voluntarios de Google

(artículo de Lluís Foix en su blog de LA VANGUARDIA, 18-8-2010)

El presidente de Google, Eric Schmidt, lo advierte sin sonrojarse. Llegará un día en que los jóvenes de hoy querrán cambiar sus nombres para borrar sus actividades juveniles en Internet, redes sociales y toda la tecnología que nos envuelve.

Eric Schmidt ha explicado al Wall Street Journal que muchos jóvenes no son conscientes de las consecuencias de tener a disposición del mundo tanta información personal sobre ellos en la red. El presidente de Google, sin embargo, lanza proyectos para disponer de nuevos instrumentos para disponer de más información sobre millones de personas en todo el mundo que trabajamos, nos lo ofrece gratis, dentro de sus parámetros tecnológicos.

Es peligroso estar tan fichado pero lo estaremos todavía más. Google ha destruido enciclopedias que duermen para siempre en las estanterías, nos ofrece gratis el correo electrónico global, no pagamos nada pero tiene un gran potencial económico a costa de nuestras actividades en la red. Lo podemos saber casi todo de todos.

Mr. Schmidt es, por lo menos, sincero: "no creo que la sociedad ha entendido qué pasa cuando todo es accesible, conocible, grabado por todo el mundo siempre y en todo lugar. Pienso que, como sociedad, debemos pensar sobre todas estas realidades." En estos momentos sabemos, nos dice, quiénes son los usuarios, qué les interesa, quiénes son sus amigos…"

Es decir, los que trabajamos con Google somos absolutamente controlables. Hay más poder en una de estas empresas que en los servicios de inteligencia del Estado Mayor del país más poderoso de la tierra. Tenemos la confianza en que nuestros datos no se utilizarán. Qué gran candidez. Somos siervos de Google que nos ha captado suave y silenciosamente.

Una pregunta, ¿se pueden tener mil o diez mil amigos? Qué concepto tan desproporcionado de la amistad, tan poco humano, tan virtual. El Gran Hermano orwelliano es por ahora una empresa que pretende obtener el mayor beneficio posible. Pero si un día, por razones de seguridad nacional o internacional, en caso de guerra, es confiscada por un gobierno, podemos ser víctimas de nuestra sinceridad al entregar todos los datos que podrán ser utilizados en contra nuestra.

En nombre de la libertad para cultivar relaciones, podemos ser víctimas de ella. ¿Quién garantiza que el amigo 349 no va a utilizar nuestros datos? Ciertamente, hay que reflexionar y mucho sobre la realidad en la que nos movemos. Una persona que exhibe su intimidad a raudales deja de tener intimidad. Es cautivo de ella. Puede convertirse en un robot inteligente, pero robot, manejado con mando a distancia.

Artículo de Lluís Foix en su blog de
LA VANGUARDIA, 18-8-2010

jueves, 19 de agosto de 2010

Setenta años después, un funcionario de registro civil, atendiendo a quién sabe qué absurda ley (que ese tipo de cosas no se hacen por impulso individual), abre un libro de actas y escribe una nota marginal en el folio en que descansa la inscripción del nacimiento de una mujer, hija de madre soltera (me reservo el nombre porque no viene al caso) y "padre desconocido" (así, literal, tal y como figura en el texto original). La nota reza lo siguiente:
Atendiendo a razones de identificación, se le asigna, por nombre del padre, el de "Juan" y por apellido, el de "Castro".
De esa manera, gracias a la arbitrariedad de unos legisladores trasnochados después de un "botellón" en alguna plaza pública de Madrid, unas cortes más llenas de "moralistas" que de "gente con moral", y un rey decadente que promueve una ley según la cual todos,a la fuerza, debemos tener dos apellidos, una mujer que durante setenta años figuró legalmente ante la sociedad como "Carmen Pérez" (sin segundo apellido que, aunque sobre decirlo, nunca necesitó), pasa a ser Carmen Pérez Castro, con todas las implicaciones del caso: cuando se le ocurra preguntar cómo va a hacer con todos los documentos generados a lo largo de 70 años: acta de matrimonio, partidas de nacimiento de sus hijos, cuentas bancarias, documentos de propiedad de lo mucho o poco que posea, etc., alguien le contestará "eso es su problema y usted es quien tiene que arreglarlo".

Cómo puede ayudar a la identificación de una persona, asignarle al azar un nombre y un apellido a su padre. Es obvio que padre tuvo. El único acontecimiento documentado de un nacimiento sin padre terrenal sucedió un año antes de la era cristiana y todavía hoy, su veracidad, es motivo de amplias discusiones y poca credibilidad.

Si a los "cortesanos" (entendiendo por tal a los hombres de las Cortes que también hay mujeres "cortesanas", pero estas no pueden ser "padre") les molesta la cantidad de hijos de madres solteras que hay en España, bien pueden dividirse tal población a partes iguales y asignarles, al grupo que les toque, su nombre y apellido.
Incluso el rey podría hacer otro tanto... esta mujer, en lugar de "Carmen Pérez Castro", podría haber sido "Carmen Pérez de Borbón", si le hubiesen asignado por nombre del padre "Juan Carlos" y por apellido "Borbón".

Cuando se trata de hacer el ridículo, los españoles damos un paso adelante. Lo malo es que el ridículo de los legisladores en la península, puede causar mucho daño a los españoles en la diáspora; esos emigrantes que llevan, algunos de ellos, más de cincuenta años fuera de España.

domingo, 8 de agosto de 2010

Ser Absuelto

Por Carlos Mackenzie

No importa si no venís conmigo,
este viaje es mejor hacerlo solo
Andrés Calamaro



Me iré entre desconsuelos,
pero no a mi pesar,
a vagar quién sabe dónde,
a buscar el llanto de las estrellas,
al lugar que se quedó sin nombre,
para atrapar todo eso que no volverá.

Me iré, no para hacer falta,
no por olvidar,
o porque ya haya olvidado
las promesas a destiempo,
las constelaciones que dibujé en mis arrebatos;
hace falta encontrarme
más allá de las horas,
en la enorme lejanía
de una triste mirada
que me evitará partir,
que me aleje.

Tomaré mis cosas
para marcharme lejos,
y aunque me voy por gusto,
las penas pesan lo que pesa un muerto.
Pese a la fatiga del destierro,
debo ir lejos, donde no podré verte,
donde no podré más que recordar tu caricia al viento;
aunque tus ojos me lo impidan, me retengan en recuerdo
y tu mirada me llore,

partiré más allá de las horas,
en aquel lugar sin nombre,
que me conduce lejos
del hombre, de su absurdo, de su inhumanidad…
De la jurisdicción del tiempo…

Donde todo tiene nombre de eternidad,
allá donde el tiempo ya no podrá acosarme ni un minuto más.

Me iré, no por faltar,
por descumplir mi promesa,
o por dejarte sin nada,
no porque te quiera dejar;
ni siquiera perderte entre la niebla
abrumadora de nuestros cuerpos ausentes,
sólo quiero ser absuelto
de las horas que nos dejan,
de los minutos que me matan
y de los días que corroen la sangre;

me voy lejos, más allá de la eternidad,
me voy para ser absuelto
de todo lo que me impide
quererte para siempre…
Más allá de las horas,
donde te esperaré,
donde por siempre
te pueda mirar.

Hojas Sueltas Desde PoeSite

Anilina

(Por Leonid Montesinos)

Quise ser parte de la vida, pero se me quedó un trozo de muerte enredado en la existencia.
Quise ser el primero en llegar, pero fui el primero en perder.
Justo cuando dejé de querer, ella quiso que la quisiera. Y yo quise quererla nuevamente, pero intenté ser parte de la vida y me enredé con un hilo de muerte que me tendió la soledad desde las sombras.
Me quedé pegado al vestido empolvado de la vida.
Se secó la sangre de los recuerdos y ya es momento de estridentizar la ciudad, de subir el volumen a Silvestre Revueltas, de volver a prismatizar las imágenes y agregar colores antiguos, revolverlos con la fosforescencia del siglo. Con la esencia del siglo.
Quiero ser parte de la vida!! Desenrédame el cabello, creo que hay un latido de muerte incrustado en mi cráneo.

Hojas Sueltas desde PoeSite