sábado, 27 de noviembre de 2010

Cuando el polvo regresa al polvo,
el hombre se acerca a Dios...

(A Hilda, 21 años después de la siembra de su hijo)

Humo blanco fue el destino de sus sueños,
forzados a dormir cuando apenas despertaban.
Caudal de vida, condensada,
entre las luces de una mañana clara.

No pasa el tiempo en los relojes del recuerdo.

Hoy, como ayer, es joven el dolor
y pesado como saco de piedras en el alma!
Es fuerte el dolor,
hoy como ayer, y no se calma
aunque, ahogado en las tareas cotidianas,
a fuerza de costumbre,
se nos vuelva soportable.

No hay edad para el recuerdo.
No se mueven las agujas del reloj para la madre
que al hijo busca en los colores de la tarde
y sólo encuentra, entre recuerdos,
el camino sombrío hacia la noche
y una ausencia infinita en que abrazarse.

No hay edad para el recuerdo!
Es perenne el recuerdo a lo que se ama.

No envejece el recuerdo, ni una vida
es tiempo suficiente a la añoranza!

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