martes, 20 de septiembre de 2011

Quien tenga entendimiento...

El señor X es uno de tantos ciudadanos en Venezuela que, con razón o sin ella, detestan -más que adversan- al presidente del gobierno. Tal es su derecho y lo ejerce a plenitud. Al igual que todos los que comparten su criterio respecto de esta materia, el señor X no concibe -en su cerebro no se plantea ni como posibilidad remota- que entre la gente de su confianza pueda haber simpatizantes con la orientación política actual del Estado...
El señor X opina que el susodicho presidente estropea todo cuanto cae en sus manos, especialmente cuando se trata de instituciones del estado o empresas privadas estatizadas. De ahí, que, de cuanto suceda, Hugo Chávez sea el culpable: de la lluvia, de la sequía, de la violencia de género, de que el vecino, en una noche de borrachera, le haya chocado la puerta del garage...
El señor X aprovecha la más pequeña oportunidad -por mínima que sea- para quejarse de lo mal que está el país, con una vehemencia tal que, si no estuviera yo seguro de que en su cabeza no entra la idea de que yo pueda opinar diferente, casi diría que intenta convencerme. Según él, Venezuela ha llegado al límite. "Aquí ya no se puede vivir" "La miseria crece cada día más y más" "El país está economicamente destruído" "La inflación galopante y lo que uno gana, trabajando honradamente, no alcanza para nada" "Claro, porque lo que [Chávez] quiere es que todos estemos al mismo nivel... de pobreza". Son breves expresiones que extraigo del aburridísimo monólogo al que asisto de forma involuntaria y en el que permanezco por educación. No tienes idea -me ha dicho, como ahora, en más de una oportunidad- de las peripecias que tengo que hacer a fin de mes, para poder pagar la nómina de empleados.
Media hora antes, nuestra conversación versaba sobre un tema totalmente diferente. El señor X está recien regresando de unas vacaciones de mes y medio por Europa.
Media hora antes, el señor X me relataba con lujo de detalles el recorrido de doce mil kilómetros en automóvil -un todoterreno BMW X6 alquilado en París- que hizo en sus vacaciones. Cantabria, la Galicia atlántica, la costa mediterranea, Niza, La Riviera Francesa, Mónaco, los grandes hoteles en suite de lujo, los grandes balnearios, 70 euros en gasolina por cada 500 kilómetros, poco más o menos. Yo, que le conozco desde hace años, creo en todo lo que me cuenta. Sé que no está alardeando ni pretende impresionarme. Se trata de un relato casual, en el flujo normal de una conversación con alguien con quien tiene confianza desde hace casi treinta años y que, además, conoce ampliamente su forma -y estilo- de vida.
El señor X es propietario, de un pequeño negocio, ubicado en Caracas, que constituye su único medio de ingresos, en un país destrozado a todos los niveles y cuya crísis económica afecta, según su decir, "incluso a los más adinerados".

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