jueves, 17 de enero de 2013

Se nos va la vida desperdiciándola.
En el puro intento de conservarla, la perdemos.
Somos nuestras propias víctimas.
En el esfuerzo por no vivirla, se nos va la vida.
Tomamos previsiones para un futuro que jamás llegará
y, entretanto, dejamos que el presente nos pase de largo.
La vida no es un bien que se pueda almacenar.
Vivimos con miedo a la enfermedad
y, de igual modo, en su momento,
la enfermedad nos alcanza.
Escrúpulos pueriles nos impiden disfrutar
del placer de los sentidos.
Absurdos moralismos nos limitan
nos encierran y encadenan!
Nos llenamos de compromisos y responsabilidades
y olvidamos que el compromiso principal
es con nosotros mismos
Respiramos...
y porque respiramos ya creemos que vivimos!
Caminamos...
y porque caminamos ya creemos que vivimos!
Trabajamos...
Alimentamos nuestro ego con el éxito obtenido
y al resonar del aplauso, nos creemos que vivimos!

Un día, una mañana cualquiera
se levanta un viento (ni tan fuerte!)
y nos arranca...
nos arrastra...
todo tiembla!
paja seca!
hoja muerta!
Una rama a la deriva
En la corriente del río
La vieja dorna que espera
Por un nuevo viajero
y una nueva travesía
Hacia la orilla de enfrente,
Donde comienzan los siglos
Donde terminan los días.

Y dónde queda lo vivido?

A veces, (aunque duela)
preciso es reconocer:
Hay quien a la vida muere,
en el instante de nacer.

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