sábado, 5 de abril de 2008

Desde el mismo día en que tuvo su nacimiento (fuera como fuera, fuera cuando fuera), la industria discográfica, el público consumidor de música grabada, cualquiera sea el soporte, viene siendo objeto de una descarada y continua estafa, tanto por parte de las compañías discográficas como de los propios artistas que comparten la responsabilidad y participan de las cuantiosas ganancias obtenidas de tal manera. Pongamos un caso cualquiera: estamos en 1972; en la radio suena insistentemente la pieza "Escuché la voz de Jesús" de Turley Richards; vamos a la tienda y compramos el disco: un sencillo 45 rpm, de dos caras. La cara A contiene, efectivamente, lo que fuimos a buscar; pero la cara B contiene una pieza de deshecho que seguramente era tan poco del agrado de su autor, como lo es del mío. No me agrada "Entonces me iré", la cara B del mencionado disco y, de hecho, no hubiera ido a la tienda de discos si la hubieran promocionado en lugar de "Escuché la voz de Jesús". Cierto es que no ocupa espacio. No estorba, pero para poder comprar lo que quería, me obligaron a pagar por algo que no me interesa. ¿No se supone que si tuviera grabada una sóla cara, el costo del disco tendría que ser menor? Entonces, ¿por qué graban las dos, cuando saben –de antemano esa es la idea- que sólo se promocionará una pieza? ¿Por qué debo pagar por dos, cuando lo que quiero es una sóla?
Ejemplos de lo que digo, sobran y la estafa se vuelve más y mayor, en la medida en que aumenta la capacidad del medio "contenedor" de la música.
"Mrs. Robinson" (Simon and Garfunkel) es parte de la banda sonora "el graduado" (1967) y nuevamente se graba en "Bookends" (1968). Quien adquirió ambos álbumes pagó dos veces por la misma canción, en versiones exactamente iguales. "Cecilia" (incluida en el álbum "Puente sobre aguas turbulentas", 1970), que, a pesar de ello tuvo un éxito resonante, fue una improvisación de última hora porque faltaban tres minutos para completar el disco y, además, necesitaban una cara B para el sencillo (45 RPM por aquél entonces) promocional.
La idea de formar la super banda "The Traveling Wilburys", compuesta por George Harrison, Jeff Lynne, Roy Orbison, Tom Petty y Bob Dylan, surge cuando George Harrison –o sus consejeros- decide que "Handle with Care", canción en la cual intervenían todos los mencionados, era una pieza demasiado buena para ser desplazada a la cara B de un "sencillo". "Handle with Care" estaba siendo grabada para ser la cara "B" del single "This Is Love", pieza promocional del album "Cloud Nine", del cual "Handle With Care" ni siquiera formaba parte; era tan buena, sin embargo, que pasó a ser la piedra fundacional de "The Traveling Wilburys" como agrupación y la más importante de su primer LP.
Con lo anterior, lo que intento resaltar, es el hecho de que con plena conciencia, los productores crean un producto que ellos mismos consideran de baja calidad, con la intención de venderlo como si fuera "de primera". Pregunto, ¿legalmente no se consideraría una estafa si en el medio de un paquete de billetes "buenos" mezclamos unos cuantos billetes "falsos", a conciencia de lo que estamos haciendo? ¿no eso lo que vienen haciendo los artistas y las empresas discográficas con las discos desde los inicios de la industria?

Los beatles, de los grupos que conozco, son un caso extremo... el colmo de los colmos, se diría. Para 1974, un fan, coleccionista del cuarteto de Liverpool, podría tener la misma pieza repetida en 6 o 7 álbumes diferentes, bajo distintas presentaciones orientadas, en la mayoría de los casos, a hacerle creer al comprador que se trataba de piezas no comercializadas previamente. Es cierto que en algunos casos, era posible leer el contenido del disco antes de adquirilo, pero si y sólo si la carátula no era de doble tapa; en cuyo caso, el listado de canciones estaba en la tapa interior, el disco entero estaba envuelto en papel transparente y no se nos permitía abrirlo antes de pagar por él.

En los tiempos que corren, ya ni siquiera tenemos la alternativa de pagar dos temas para poder tener uno, sino que hemos de adquirir el CD completo. Por si ello no fuera suficiente, es un caso frecuente que cuando llegamos a casa con el CD del cantante de moda, recién comprado, nos enteramos de que el mismo tema que nos movió a adquirirlo, está repetido en cinco versiones diferentes: balada, salsa, bachata, pop y regaeton; mientras que la versión que a nosotros nos interesaba, la que nos llamó la atención un día escuchando la radio, a duo con alguien más... esa, ¡precisamente esa! no está. Me sucedió con una pieza de Franco de Vita a duo con Olga Tañón. Después de adquirir el disco de Franco, y darme cuenta de que no venía incluida, descargué la pieza que buscaba con shareaza... ¡y que venga Franco de Vita a reclamarme sus derechos de autor!

¿Y se quejan porque intercambiamos música a través de la internet? ¿Y dicen que es un delito descargar archivos de música? ¡hay que ser caradura!

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