"Quien tenga algo que objetar acerca de lo que yo escribo, sólo piense y recuerde que: Lo que expongo, es mi experiencia y mi pensamiento; no puedo exponer ni su experiencia ni su pensamiento. Si mi experiencia fuese igual que su experiencia y mi pensamiento fuese igual que su pensamiento, entonces usted sería yo... y de ello, a ambos nos libre Dios."
(José L. Dasilva N., manifiesto personal, xxxx)
"El comunismo no priva a nadie del poder de apropiarse productos sociales; lo único que no admite es el poder de usurpar, por medio de esta apropiación, el trabajo ajeno."
(Marx y Engels, Manifiesto Comunista, 1848)

miércoles, 20 de junio de 2012

Natalia Ortun y Jorge Luis Dasilva en el "Tobías Lasser"

Recital de Piano en el Auditorio "Tobías Lasser" de la Facultad de Ciencias, Universidad Central de Venezuela, presentando a Natalia Ortun y Jorge Luis Dasilva.
Mientras permanezcas caminando tras de tus sueños, tendrás la oportunidad de alcanzarlos. Si tus sueños son los que te siguen... ni que te detengas te alcanzarán.
José L. Dasilva

sábado, 28 de abril de 2012

Catorce Lustros

(Pablo Mora)

A catorce lustros de luz, cargo entre mis ojos el primer reverbero, todavía azulando mis insomnios. También el corredor desde donde veía pasar las recuas camino a las haciendas. El camino real donde, pajarito entumecido, escondía mis nervios mientras pasaba el toro desgaritado hacia el matadero. La rueda con que acortaba el tiempo en los mandados. El animalito que espanté en alguna de mis veredas. El tremendo susto cuando salí corriendo por las calles de mi pueblo, creyendo haber contraído enfermedad mortal. El atrio de la Iglesia donde barajaba mi destino entre milicia o sacerdocio. La tarde en que cogí camino con mi madre para nunca más tornar a casa apenas a los doce años. Las locuras, letanías y latines del Seminario. La monjita española que lucía tanto camino del altar. La noche en que me sugirieron colgar los hábitos por muy enamorado. Los doce años bajo el mismo techo descubriéndole a la sombra su abecedario. El Martes Santo, por la Calle 4, cuando de tarde me fui en busca del amor y me encontré el Monumento de la Francia —con nueve lustros ya—. La estela vespertina, cuando dejé a mi novia y a mi madre camino del mar para alcanzar la nieve. Los dos años en el Alpe, allá en Turín, templándole la cuerda a la esperanza. El grito del Mayo Francés 68 junto a mi puerta. Los dos años nevados en Monza. El encuentro con Teresa de Jesús, haciendo el amor con Dios —o a Dios— gracias a Bernini. María quinceañera, Virgen, haciendo el amor con Jesús —o a Jesús— a los ojos de la tarde, gracias al piadoso Miguel Ángel. Giulio Girardi queriendo encuadrar a creyentes y no creyentes desde una y otra fábrica, haciendo brotar la fe de la praxis revolucionaria. Ernesto, el Che, desfilando como Pedro por su casa en calles italianas. Fidel, “el que encendió la historia y se lanzó de cabeza contra el dolor contra la muerte”. Simón, el tal Bolívar, un nudo más en el alambre de la historia. El burundés, enseñándome que el campo es el rey. El camerunés, que el campo no es de uno solo y el gol, de todos. Un junio sentí pasar el tiempo a ras de piel. Otro día oí que sollozaba mi lamento. Fui amaneciendo en muchos puertos. Lejos de los bajeles de la infancia. En medio de hojarascas y desiertos. Cerca de la tristeza trashumante. Bajo un trémulo sol de cafetales. Oí amanecer el Mediterráneo. Vi gatear al Sol sobre las aguas. Supe de maldad, locura y mezquindad humanas. Con pavor, por cinco lustros, entré y salí de muchas aulas, donde el canibalismo torpedeaba a cada instante; donde incertidumbre, inseguridad, desconcierto, apremio, sumisión, a sus anchas galopaban. Tan sólo en un gracioso, apacible bosque mis morrales, mis versos, escondí por un par de años. Libre ya de ataduras, de horarios, presiones y prisiones, conmigo voy arreando sueños, horas, “pasando el tiempo a la orilla del mundo”. La aldea sigue guindando en mi conciencia como la música del Alpe en mi nochura. Las notas del camino persiguiendo asombros. El amor acurrucado estruja el mediodía que falta. La lluvia sabe mi tristeza. La muerte no ha inventado nada. Sólo marcha la guerra por los lados. Un vaivén de enredos sepulta la victoria. La guerra agazapada reta la esperanza. En grito eterno el hombre implora Paz tras los pálidos ojos de los dioses. Sigo en abril, seguro de que existo. En Sombra Antigua. En Sangre Zurcida. Limito por el norte con mi madre. Por el sur con la luz de mis luceros. Por el oriente azul con mi mujer. Por el oeste con el mundo entero. Y no he podido limitar conmigo. Sólo sé que en cinco formas verbales cabe el trajín del hombre sobre tierra: hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse... más eso de los meses y aquello que regresa de los años.

(pablumbre@hotmail.com)

sábado, 31 de marzo de 2012

Quizás no siempre camino
por la vereda acertada, pero
Cómo saberlo?
Cómo saber de antemano la dirección
y el tiempo justo
en que habremos de enfrentarnos al destino?
Quizás camino demasiado por la senda equivocada.
Nunca tuve carta de navegación.
Jamás me dieron un mapa.
Me empujaron, una noche, monte abajo
y me dijeron: ¡anda!
Y no quedó alternativa:
caminar a la deriva
buscando algo que quizás reconozca
al instante en que lo encuentre,
si es que alguna vez lo encuentro
y, de hacerlo, soy consciente.

¿Qué tan importante puede ser,
qué tan pertinente,
tener la razón, ganar o perder?

El fin último,
el verdadero,
el inevitable,
el duradero,
de uno u otro modo,
con razón o sin ella, es el mismo:
la noche oscura, el abismo
la quietud del pensamiento
para unos el descanso
para otros, el lamento.

(agosto /2010)

domingo, 4 de diciembre de 2011

Poco a poco, sin más apuro
que el nacido de la urgencia de vivir.
Paso a paso. Es más seguro.
Gota a gota, el que bien bebe,
no pierde su presencia ante el barril;
ni se aparta del buen vino
ni se sale del carril.
Paso a paso. Poco a poco.
Quemar el tiempo en su justa medida
y saltar la hoguera
para alejar los fantasmas
como en una permanente noche de San Juán.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Nas quedas augas da ría
canta unha estrela.

Na miña aldea
xa ven o día.

A noite fica espallada,
po-los piñeiros,
coma un remedo
de sombra fría;

(po-los vieiros da miña aldea)

trema a estadea
xa ven o día.

Nunha lareira daquelas tantas,
caldo na pota
bota María.

(A terra chama po-lo labrego)

Na miña aldea
Xa ven o día.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Dejar el fardo a un lado del camino
y bajar a la tierra,
envuelta la piel en hojas de olvido
y traje de madera.
Una vieja dorna en llamas
alumbra la ribera.
Pescador a la deriva.
Marinero sin bandera.
Recuerdo de un naufragio a golpes de otoño.
¡Ah! ¡Cómo se nos marchitó la primavera
sin haberla visto florecer!

domingo, 27 de noviembre de 2011

Cuánto daño nos ha hecho Nueva York!

Españoles de península...
¿Hay alguno entre vosotros que pueda decirme
con certeza, a dónde vais?
¿Cual es el plan? ¿Cual es el norte?
¿hacia dónde apuntan vuestras narices?

Dónde quedó la dignidad,
dónde el orgullo que tanto pregonáis
mientras los pies besáis
del yanqui conquistador?

¡Cuánto daño nos ha hecho Nueva York!

¿Volverás, mi querida España, como otrora
a limpiar el excremento del teutón,
o enviarás a tus hijos, esta vez al sacrificio,
como alimento para el águila calva,
en las naves de un moderno Napoleón?

Ay!, mi querida España,
¡qué pena!
Aléjate de la sirena.
Gira tus ojos hacia el alba...

Yo, desde aquí, español de la diáspora,
desconozco esa imagen frívola y vacía
que de ti proyecta cada día
la pantalla del televisor...

¡Ay!, mi querida España,
¡Cuánto daño nos ha hecho Nueva York!