jueves, 20 de marzo de 2008

En una ocasión Carlomagno le dijo a un pirata a quien habían llevado ante él: "¿Por qué es usted pirata?", y este le contestó: "Porque tengo una sola nave, si tuviera muchas, sería un conquistador." (...)

La pasividad hace daño al espíritu. Ningun hombre puede sentirse satisfecho si deja que el tiempo transcurra imperturbable, sin desarrollar a capacidad las potencialidades y aptitudes de que dispone. Y -dada nuestra condición privilegiada de poder sentir, vivir y escribir un verso- el adormecimiento de esas potencialidades es una negación de ese don que nos legó el destino. Es la amputación del regocijo mayor que puede sentir un ser humano: hacer que la palabra lleve lágrimas a los ojos y emociones al corazón. Porque el poeta sueña, vive, sufre y llora sus poemas.

No se pueden aceptar términos medios en la creación. Así como el amor no tiene gradaciones -si es legítimo-, tampoco el poeta puede tolerar paréntesis en su creación. No se siente cuando se escribe. Se escribe cuando se siente. No podemos decir que somos poetas porque podemos escribir entre ratos. Somos poetas cuando no dejamos escapar los pensamientos y las imágenes. Cuando no dejamos que se nos pierdan esos hijos del alma, cuando estamos siempre prestos a traer esos pensamientos y esas imágenes al mundo, cuando no entorpecemos su alumbramiento.

Si toda la poesía que se siente se escribiera, ¡qué caudal de literatura tuvieramos en el mundo! No dejemos que la desidia nos ponga en desbandada. Aprovechemos la oportunidad que nos brinda la tecnología para decir al mundo nuestra palabra. Compartamos todos el mensaje que anida en nuestros corazones. Remontemos el vuelo con la mirada fija al más lejano horizonte. Cantemos nuestra canción de vida ahora. Recordemos lo que nos decía Lin Yutang: "Vive como si no fueras a morir nunca, actúa como si fueras a morir mañana".

Jorge Luis Suarez (21/12/2007)

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